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Encuentro de dos Culturas

 

CONFERENCIA: ESPIRITUALIDAD DEL PUEBLO MAPUCHE
Sra. Delia Cañumir – Mapuche




Mi nombre es Delia Cañumir, soy docente, maestra y llevo 15 años en esto de recuperar, revalorizar lo que es la lengua y la cultura de nuestros pueblos de Pampa y Patagonia; mi nombre es además: “cresta de zorro”, soy:  “cañú” = “cresta” y “ñur” = “zorro”.

Después de haber escuchado muy bien al hermano Pincén, vamos a pasar a descubrir la religiosidad de nuestra gente, esto lo he observado, todo lo que voy a decir, es observación directa, es conversación con la gente mayor, con los abuelos en Bahía Blanca, ahora en Tandil. No les dije que soy nacida en Zapala, provincia de Neuquén, mis antepasados son Ranqueles, Tehuelches y araucano mi abuelo paterno; de pequeña he venido a estudiar a la provincia de Buenos Aires, he vivido hasta los 9 años con mi gente, he vivido en la casa de mis ancestros, me he criado con mis tíos abuelos; soy huérfana de madre, mi padre se vino a la provincia de Buenos Aires, casi no he convivido con mi padre de pequeña.

Recién a los 9 años me vine a un colegio de monjas, donde estuve 10 años, así que se bastante de la religión católica, y bueno estuve impregnada mucho por la religión católica, no me ha costado asumir la religiosidad católica; yo siempre me preguntaba ¿por qué será que las chicas rusas, alemanas del colegio donde yo estaba pupila se escapaban de la iglesia para no ir a misa?; yo iba todos los días a misa y no me costaba.

Pasó el tiempo y ya hace 15 años comencé en bahía Blanca con la recuperación de todo esto, me fui dando muchas respuestas a esta manera de ser, a mi no me costaba rezar, estar en recogimiento, estar en la iglesia sola, como me agradaba tanto estar en el patio mirando las estrellas; y la religiosa no me dejaba que mire las estrellas ¿quién sabe por qué?, ¿qué tendría en la cabeza?. Igualmente tuve una buena experiencia en el colegio religioso, eran austríacas en su mayoría y me han formado muy bien, no he sido discriminada, así que dentro de todo tengo una experiencia bastante buena en ese aspecto. Como les decía hace 15 años comencé con la recuperación de todo esto y con una agrupación en Bahía Blanca, que fue la primera, nosotros tratamos de rescatar oyendo a la gente, ivamos a los barrios escuchábamos a los abuelos. Primero hay que empezar con el conocimiento de la persona, hablar, tomar mate, llevar algo; porque en nuestra manera de ser cuando uno va a visitar a alguien lleva un poco de yerba, un pan, siempre lleva algo; es como un regalo que se hace, eso lo hacíamos todos los fines de semana con mi compañero y así comencé a tener la confianza de los mayores. Ciando la agrupación fue tomando gente joven, entonces llegó un momento en que eso se rompió, pero ya la agrupación había hecho un ciclo. Al tiempo tuve que irme a Tandil; pero una o dos veces al año voy a visitar a los abuelos, algunos de ellos nos han estado dejando, se han ido, ya no están aquí en la Mapu. El abuelo Pichum de origen ranquel; la abuela Manuela Meliqueo, tehuelche de la familia de Sai Gueke, su compañero Ignacio Chenque; son dos abuelos que han sido para mi el sustento de todo lo que ahora voy a expresar, de la espiritualidad.

Tengo conversaciones con ellos donde les pregunto, por ejemplo, ¿quién era Futachao?, o cuando se les pregunta sobre los sueños, porque nuestra gente tiene muy en cuenta los sueños, entonces las visiones de los abuelos, sobre esta temática, no presente en todo momento, en cada instante de su diario vivir. ¿Por qué?, porque ellos están en contacto directo con la naturaleza, con la Ñuque, con la Madre Tierra, y con todos sus elementos; entonces la religiosidad se expresa en la actitud que tienen con las demás personas, con los elementos, una planta, un cerro, el agua, el río, el viento; como se mueven los abuelos, la gente grande; y esto que estoy diciendo lo veo en los mayores con los que he convivido en Bahía Blanca pero también cuando voy al sur, a la comunidad del tío Lucrecio Cañumir. La comunidad Zuñiga o en Vardanegra, donde están los tíos abuelos, Lincapan; entonces uno ve que ellos andan lento, no andan rápido, no se grita, se habla, se dialoga; el mate como se entrega, la comida se entrega, todo es como un ofrecer, ya sea de la Ñuque Mapu, o ya sea de aquel que me visita. El mate, me decía la otra vez una jovencita que está estudiando con nosotros la lengua, porque estamos dando en Tandil un curso de lengua, ella se quedaba admirada como se entregaba el mate en la mano, el mate, no se deja abandonado ahí, se entrega en la mano, muy cuidadosamente, si es posible siempre; los abuelos y las abuelas tienen, si están cebando mate una servilletita al lado, se entrega en la mano y se recibe nuevamente en la mano; todo es como un recogimiento, nuestra gente que vive en las comunidades, vive muy a nuestra manera, vive profundamente la cultura y son generalmente gente mayor, porque los jóvenes ya vamos perdiendo todo eso; incluso los jóvenes de las comunidades que yo visité no tienen ese recogimiento que tienen los mayores. Como ven todo se hace con mucho cuidado, con mucho respeto; el respeto está siempre, no sólo a la persona, sino también a todos los demás elementos que están en la Ñuque Mapu. Por ejemplo, desde que comienza el día, nosotros podemos ver que hasta en el acto de bañarse se está expresando religiosidad; no es una religiosidad al estilo occidental, Ustedes lo van a ir viendo después, lo vamos a ir sacando, sabemos que el baño es una limpieza física, pero también espiritual; entonces cómo se expresa la religiosidad, bañándose, en el acto en sí; ese baño puede ir acompañado de un canto, de un “tahil”, tahil es una canción sagrada.

Hay una abuela en Bahía Blanca, Amelia Ñancucheo que siempre canta, cuando yo llegaba a visitarla ella me dedicaba una canción, cuando yo le daba una noticia importante, ella me dedicaba una canción; que le salía naturalmente y eso es religiosidad, eso es recogimiento; cuando me iba me despedía con una canción y ella cuando se levantaba cantaba; eso es una plegaria, pero a nuestra manera, según nuestra cultura.

También la religiosidad que va acompañando este acto de bañarse, puede ir acompañado de una oración; la abuela Carmen Nicanor de Millaqueo, también de Bahía Blanca me dice siempre: cuando Ud. ore a Futachao no le hable en otra lengua que no sea el Mapuzungun, háblele en el idioma de la Tierra, porque sino Futachao no va a entender. Tampoco los demás elementos que hay en este mundo con los cuales estamos relacionados continuamente, tampoco los elementos que están en la Ñuque Mapu nos van a entender si no hablamos en el idioma de la Tierra.

Hay un momento en nuestra gente que es el del cotidiano vivir, como uno se mueve, ahí está la religiosidad, que seria, como habíamos dicho, el baño, tomar el mate; el primer mate va para la Madre Tierra, Ñuque Mapu o Futachao; le preguntaba a mi padre ¿pero a quién va, solamente a la Madre Tierra?, no, se dialoga, se habla con la Tierra ofreciéndole ese primer mate; pero a su vez en ése monólogo se habla a Futachao, no se precisa hacer dos oraciones distintas, es en una sola plegaria, en un solo diálogo; en eso que voy a hablar, en esa palabra que estoy diciendo a la Tierra, se sobreentiende, que a Futachao también me estoy refiriendo, ¿por qué?, porque no está separado Futachao de todos los demás elementos. Porque todos emanamos lo mismo; como decía un abuelo, todos pertenecemos al Todo, todos somos una pequeña parte de ese gran Neguen que es Futachao.

No se puede separar el diálogo que se le hace a la Madre Tierra y le estoy hablando a Futachao, a Dios.

Hay otros momentos de recogimiento, por ejemplo, la primera bebida, el primer sorbo de la bebida que voy a tomar en el almuerzo o en la cena, si es vino, si es mudai, que es otra bebida nuestra, el primer sorbo es para Futachao. También se saluda en un momento a la aurora, a la tarde que llega, siempre es así, se reza o se le dice algo, se monologa con la Naturaleza, con los elementos de la Naturaleza y a la vez con Futachao.

Hay otro momento que nuestra gente tiene muy en cuenta; este contacto con la Naturaleza, esta comunicación, en lugares muy especiales, donde hay cosas muy poderosas de la Naturaleza, algunos elementos que conmueven al espíritu indígena, por ejemplo, cuando llega a lo alto de la montaña; la abuela Rosa Currumil, que falleció hace cuatro años, me decía siempre, en una de esas grabaciones que tengo, “Cuando Ud. vaya a la montaña, a la mahuida, Ud. no va a entrar gritando, Ud. no tiene que entrar sin pedir permiso, le tiene que orar a la montaña, le tiene que hablar, le tiene que pedir permiso, porque sino le va a ir mal.

Hay un lugar al norte de Neuquén donde está el Pehuén, el padre de los Pehuenes, en ese lugar se le ora al Pehuén, se le habla y se le dejan regalos, un pañuelo, alguna cosita de valor, a veces de un valor insignificante, pero siempre se le deja algo. Yo recuerdo que cuando cruzábamos la Cordillera solíamos pasar por lugares donde había estas piedras o espacios o tumbas de pequeños, de niños, de ancianos, personas que habían tenido muy buena conducta en su vida y ahí tenían una casita, un refugio; ahí se pasaba a rezar o se dejaba una ofrenda, se pide permiso a la persona que está allí.

La religiosidad es continua, constante en nuestra gente, no es la religiosidad como lo ven los occidentales, no, ir a un templo, sentarse y rezar; nuestra manera de ser es hablar, un ejemplo me daba mi padre de esto, cuando él levantaba a su bisabuelo para acompañarlo a un lugar porque ya era muy anciano, su bisabuelo oraba, y en esa oración le hablaba a él, a mi padre y le decía: “Que Dios, que Futachao, te de mucha vida, te conserve mucho tiempo con buena salud”. esa plegaria la decía en nuestra lengua.

Todo en nosotros es una plegaria, estamos relacionándonos, ya sea con otra persona o con los elementos de la Naturaleza, pero a su vez con ese Ser Supremo que es Futachao, orando y dando nuestro respeto.

Muchas gracias a todos Ustedes.

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