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Encuentro de dos Culturas
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LA ETNOMEDICINA Y LAS PLANTAS MAESTRAS
Por Lic. Sacha Domenech – Argentina
Mi nombre es Sacha y soy psicólogo clínico, pertenezco a un grupo
de trabajo que funciona aquí en Buenos Aires, se llama Runa Wasi.
En realidad trabajamos sobre derecho Indígena, Arte y Cultura
y Area de Salud, yo estoy encargado del área de salud. La salud
encarada en sentido de un proceso de aprendizaje, donde se trata
de articular elementos de la medicina occidental o de la psicoterapia
occidental o medicina académica, con elementos de lo que es la
etnomedicina o la medicina de los pueblos aborígenes de América.
Esto
nace a partir de una experiencia mía personal, he viajado hace
muchos años, hace más de 20 años por primera vez a Ecuador, Perú,
Colombia, Bolivia y en uno de esos viajes conocí a un curandero:
Eduardo Calderón Palomino de la costa norte del Perú, sobre el
cual se ha escrito un libro que se llama “El chamán de los cuatro
vientos”; en base al conocimiento de esa persona yo pude terminar
mi universidad aquí en Buenos Aires; presenté un proyecto de investigación
a la Universidad Nacional de Trujillo, que es en el norte de Perú;
y ahí hice todo un trabajo de investigación de un año con él,
y a partir de ahí entré a lo que es la medicina amazónica, la
medicina de la selva. Durante todos estos años periódicamente
viajo a Perú y me pongo en contacto con los médicos tradicionales,
los curanderos; a través de los cuales voy haciendo un proceso
de aprendizaje vivencial, porque esto se aprende con la vivencia;
cuando me acerqué a un curandero, Guillermito se llama, le dije:
maestro yo quiero aprender a curar con plantas, aprender esta
medicina, ¿cómo hay que hacer? "Venga al monte a tomar las
plantas", me dijo, y así fue.
Entonces
a través de todos estos años continúo, porque esto no termina
nunca, recién vengo de hacer uno de esos retiros, cada 6 u 8 meses
voy allá, de paso es un taller de reparación para mi vida personal,
para sacar y acomodar un poco el eje; se aprende ahí que la curación
va acompañada, va de la mano del aprendizaje. A través de todos
estos años pude ir como tratando de integrar elementos que he
aprendido de estas personas, de este campo de la medicina con
cosas que uno aprende de lo académico también; es decir trato
de ir llevando a cabo un proceso de síntesis, yo no le llamo a
esto medicina alternativa sino complementaria, yo creo que hay
que complementar no separar, juntar, integrar; ahí está el desafío
para poder construir un puente que nos permita elaborar un paradigma
más integrado de lo que es la salud, la curación; porque estamos
muy disociados y las plantas en sí, un poco el tema de hoy va
a ser una introducción, una introducción de las Plantas Maestras,
cómo se encara el tema de la medicina y qué son las Plantas
Maestras para esta gente.
Por
ejemplo, para que ustedes tengan una idea: hay tres plantas madres
en toda América Latina, la Wachuma que es un cactus, que es comúnmente
llamado San Pedro, es la planta maestra de toda la zona andina
de los pueblos de América; la Ayahuasca que es la planta maestra
de toda la cuenca amazónica de América Latina y el Tabaco como
planta maestra que se usa tanto en un ámbito como en otro. Hay
un sin fin de tipos de plantas maestras, pero estas son las principales.
El
San Pedro o la Wachuma son precolombinas, anteriores al Incanato,
son plantas que tienen 3000 a 4000 años de uso; la Wachuma y la
Ayahuasca cerca de 7000 u 8000 años de uso según los datos; ha
sido la medicina a la cual han recurrido los habitantes de los
bosques tropicales durante milenios, juntamente con otras; los
depositarios de este conocimiento han sido los curanderos, los
médicos tradicionales; todo el conocimiento se trasmitía oralmente,
de generación en generación. Ahora últimamente con la investigación
de los occidentales este tipo de encuadre se ha documentado. Esa
fue la fuente de curación durante muchos años de esta gente, pero
¿dónde apareció?, ¿cómo fue que se manifestó? Ustedes imagínense
que en una selva, un bosque tropical hay miles de especies, miles
de raíces, miles de tallos, miles de hojas, miles de árboles;
cómo los primeros habitantes supieron, por ejemplo, que la Ayahuasca
es la combinación de dos plantas, el tallo de la Banisteriopsis
caapi y las hojas de la Chacruna, ¿cómo sabían?, que la alquimia
de esas dos plantas produce el efecto curativo que es la Ayahuasca
y que deben ser cocidas, por que hay otras plantas que se consumen
en crudo, por ejemplo, hay plantas que se les raspa la corteza
de la raíz, y eso se consume; cómo sabían los indígenas que raspando
la corteza de esa raíz consumiéndolas crudas o cocidas servían
para determinadas enfermedades, no podían ir probando todas las
plantas del monte, no, toda esta medicina fue bajada espiritualmente
en sueños a los primeros habitantes, fue revelada, es medicina
revelada, se reveló qué parte usar y para qué usarla;
ese conocimiento después se trasmite de generación en generación,
porque siempre lo espiritual es infaltable en este tipo de medicina.
En estos años de aprendizaje yo contacté con muchos curanderos
con los cuales trabajo un tiempo y después me abro a otros, pero
siempre tengo contacto con muchos; como por ejemplo Guillermito,
él tenía una enfermedad muy grave, incurable, lo habían desahuciado,
un aborigen que se dedicaba a cultivar su chacra, estaba un día
durmiendo y tiene un sueño, se le revela que tiene que ir a dietar
tal planta al monte, de determinada forma y por tantos días; se
levanta a la mañana le dice a la esposa que lo acompañe, va, dieta
la planta que se le reveló y la planta lo cura. Pero durante la
dieta, que son varios días, en soledad, en tranquilidad; durante
un sueño se le revela que puede utilizar esa planta para curar
determinados tipos de enfermedades.
Otro
caso es el de Huilfredo Tonama, un curandero ayahuasquero que
conocí hace muchos años, de la zona de Tarapoto; él era alcohólico,
a los 40 años un compañero de tragos le dice de ir a ver a un
curandero para que les cure del alcoholismo, y allí fueron; el
curandero les dio Ayahuasca y en esta primera sesión Huilfredo
vio su curación, la planta le dijo que lo podía curar y se quedó
ahí dietando con ese curandero 3 meses; y de ahí en más se curó,
vivió 40 años más, hasta los 80 y dedicó esos 40 años a la curación
y sanación de pacientes. La planta revela, la planta toca lugares
muy sutiles; ese bagaje de conocimiento es lo que se va trasmitiendo
y lo que está tendiéndose a perder por la penetración de lo occidental;
está la pérdida de la identidad, es así, desgraciadamente.
Los
indígenas, los caseríos, están perdiendo sus lugares, están siendo
minados, ya están como dejando su lugar, perdiendo el contacto
con su lugar primario, tratando de ir a un lugar que es occidente
o las ciudades por las situaciones que hay y a las cuales no pueden
acceder porque están en un umbral de indefinición que es negativo
porque genera mucha marginalidad y pobreza; y los curanderos que
son los depositarios no tienen hijos que les interese seguir
con la tradición; los jóvenes dicen: “el viejo está loco, canta,
sopla tabaco, esas son cosas de antes”; y estos viejos no quieren
morirse con todo lo que saben, entonces desde ahí se da el contacto,
la unión de las dos puntas. Yo como persona occidental, no soy
indígena, estoy “formado aquí”, pero no me satisfacen muchas cosas
de mi estructura personal, de mi estructura de pensamiento, que
he ido a buscar en América, adentro, cosas que a mí me han alimentado
y me han hecho crecer, ahí es donde yo toco la punta con el otro
extremo, con el viejito que está cantando dentro del monte, y
ese viejito me da, me enseña; si siente que van de corazón te
dan, te enseñan, te hablan, no hay egoísmo porque ellos no quieren
que esto se pierda, es para compartirlo; la medicina es para que
trascienda y esto es así.
Por
ejemplo, el tema de la Ayahuasca, cuando yo empecé con todo esto,
hace 15 años, a tomar Ayahuasca, tenía que ir sí o sí a Perú,
dedicando 2 ó 3 meses de mi año, meterme en los montes: hoy en
día la Ayahuasca sale de los montes y hay gente que hace sesiones
en otros lugares, en ciudades, en otros países; así que esto se
está difundiendo, la planta ha salido del ámbito primario; porque
lo increíble de esto es que son plantas que no solamente sirven
en un contexto cultural, para alguien que es nativo, que es indígena,
no, estas son medicinas para la humanidad. Que el ámbito de revelación,
de primer contacto hayan sido los indígenas, los aborígenes como
habitantes primarios de la tierra, fenómeno, pero estas son medicinas
que trascienden cualquier ámbito cultural, cualquier ámbito de
identidad propio; porque una Ayahuasca puede curar tanto a una
persona de una etnia determinada o a un japonés que vive en Tokio,
puede curar o ayudar a curar a otra persona que viene de otro
contexto, para cada uno tiene un mensaje, tiene un toque, entonces,
son plantas transculturales y que van más allá de las épocas,
porque la Ayahuasca es una planta milenaria; cuando empecé a ver
todo esto, yo al principio me acerqué como investigador viendo
qué es esto, y es inevitable no meterse porque yo estaba en las
sesiones mirando cómo se trabaja y es inevitable no participar
de esto ¿porqué qué pasa?, porque hay una naturaleza personal
que llama y que necesita de eso; cuando llega una persona que
va a tomar planta, me dice "pero eso no es algo exótico",
tu vas a ver que aunque no seas de un bosque tropical, no vivas
en una comunidad indígena, a ti la Ayahuasca te va a remitir,
o las plantas maestras, o medicinales, te van a remitir a una
naturaleza tuya, te van a hacer volver a casa, porque estamos
lejos de casa, de un lugar de centro, de resguarde, un lugar de
protección; y así nos va, así estamos, totalmente desprotegidos,
totalmente expuestos, a merced de lo que pinte; es volver a casa,
a recobrar una naturaleza que hemos perdido, una naturaleza, una
familiaridad, un contacto; porque es volver a la tierra, la tierra
no está afuera, está adentro, la naturaleza no son los pajaritos,
los arbolitos, la naturaleza está adentro, es la naturaleza humana,
es la encarnación, yo digo que las plantas ayudan a encarnar,
a habitar lo más profundo de uno, lo lindo y lo feo, porque no
solo son pajaritos de colores, no; la toma de plantas son fuertes,
porque uno muchas veces tiene que confrontarse con cosas que no
le gustan, que no están afuera, están adentro; no hay nada del
hombre que venga de afuera que pueda mancharlo tanto como lo que
viene de adentro. Entonces, estas plantas tienen un potencial
terapéutico muy fuerte, porque son plantas que bien no son puertas,
pero sí son llaves que abren puertas, las puertas están dentro;
la Ayahuasca no te inventa nada o las plantas no te inventan nada,
simplemente te ponen en contacto con lo que sos, con lo que fuiste
y no querés reconocer, con lo que podés llegar a ser.
Anteayer
en Lima tuve una entrevista con una monjita australiana que hace
20 años vive allá, se fue a misionar, vive en un barrio marginal
de Lima, trabajando con mujeres golpeadas o violadas, una situación
muy fuerte; me contaba que no tenía recuerdos de sus primeros
8 años de vida; por esa cosas de la vida se conectó con una amigo
mío curandero, aborigen de la selva y comenzó a trabajar con la
Ayahuasca y pudo ir recobrando la memoria en un trabajo de tres
años, poco a poco, y pudo encontrar, descubrir que ella había
sido abusada sexualmente de muy chiquita por su padrastro y esas
vivencias las recuperó gracias al trabajo con dietas y con plantas;
es decir que destraba cosas, destraba lugares donde es muy difícil
llegar o muy costoso, muy lento llegar con otros medios; ojo acá
no hay magia, acá con plantas es un trabajo empírico, se trabaja
con energía, con vibración, son plantas con alto potencial vibratorio
que se utilizan para poder llegar a lugares que sería muy dificultoso
llegar, es un trabajo muy fuerte a nivel del cuerpo. Para ir despejando
prejuicios, no es para hacer un viaje astral, no para nada, al
contrario, es para ir entrando profundamente; si bien hay una
realidad sutil, espiritual es cierto, pero es un trabajo que se
hace mucho al nivel del cuerpo y poder conectar la espiritualidad
albergada en el centro de la materia, que hay como un núcleo espiritual
dentro de la materia, y nosotros somos materia y no podemos renegar
de ella, nosotros somos cuerpo, no podemos renegar de eso; entonces
la única forma de despertar una verdadera espiritualidad es entrando,
asumiendo, encarnando, esa es la única forma, entonces, de ahí
las plantas nos meten en ese canal, nos hacen entrar en ese canal;
tomar las plantas desde ya les digo no es para volar, es todo
lo contrario; son muy desagradables, son muy feas de gusto, uno
tiene mucho miedo siempre que toma plantas, yo hace años que tomo
plantas pero siempre siento un nudito en el estómago y digo, pucha
si me invitan a mirar un partido de fútbol yo me escapo y me
voy, bárbaro; pero uno descubre las trampas que tiene uno; las
trampas de la mente y el miedo nos tienden trampas todo el tiempo,
hay un espíritu falso que anda dando vueltas por ahí, que no nos
permite encarnar, que no tolera la encarnación, que no tolera
la verdad y todos estamos atrapados en ese espíritu falso, que
es la trampa, que es el miedo, que es la desconfianza; yo que
veo gente, que atiendo gente, es el gran bloqueo o el gran elemento
que todos tenemos que no nos permite crecer como personas, tenemos
miedo entonces no podemos confiar, no podemos confiar no podemos
entregar, no podemos entregar no podemos amar, no podemos crecer;
estamos atrapados, y todo el tiempo las trampas, las trampas de
la cabeza, del pensamiento, son trampas. Muchas veces en toda
la mística, en la espiritualidad, el demonio es identificado como
espíritu del aire, es aquel que reniega de la tierra, que reniega
de la encarnación, que reniega la materia; estar en el aire, estar
desencarnados, estar arriba, estar en la cabeza, estar en el pensamiento,
en lo abstracto, en la disociación; el miedo es un pensamiento,
yo tengo miedo a tal cosa..., pero cuando me meto en eso, ya está,
no es miedo, es lindo o feo, ya es lo que es, ya no opera el miedo;
pero el miedo ¿qué hace?, siempre nos hace estar de este lado,
“ahí no pases”, “no cruces porque eso te puede pasar”, y así estamos,
nos hace estar atados de pies y manos y las plantas ayudan a poder
limpiar estos miedos, miedos muy profundos, personales y culturales,
porque occidente viene de una cultura del “pienso luego existo”,
el cuerpo es la cárcel del alma, occidente es el heredero de toda
una cosa que venimos encuadrados, marqueteados, formateados y
esto está dentro nuestro, a eso agreguémosle todas las deficiencias
afectivas que hemos vivido durante nuestra crianza, bueno en fin,
muchas cosas que no nos permiten vivir plenamente, no nos permiten
la profundidad de la vida, la vida es muy linda cuando es profunda,
es muy intensa, lo lindo y lo feo, porque yo creo que ahí está
la vida. En occidente, la sociedad de consumo está basada en los
miedos, agarra esto, aferrate a lo otro porque si no te puede
pasar esto o lo otro. El punto clave que se mete adentro de la
persona es el miedo, el control, si no controlamos, no podemos;
cuando tomamos las plantas, cuando entramos al monte a dietar,
tenemos que entregar porque ya no controlamos nada, entregamos
o renegamos, estérilmente, no sirve, entonces, o entregamos y
aprendemos y ahí está la cosa, o estamos luchando con molinos
de viento; y las plantas nos meten en eso porque no controlamos
ya con la cabeza, ya está la planta adentro y te lleva y te trae
por donde ella quiere y ahí pilotearla, pero siempre da una salida,
siempre, te mete en lugares muy fuertes pero te dice por aquí,
¿querés salir?, por aquí está, a la tierrita, ahí baja todo, ahí
se acomoda; porque el pensamiento es diabólico o es satánico cuando
no está encarnado, diabólico o satánico en cuanto diablo de disociación,
de separar, es maligno, en el sentido que nos hace mal, va en
contra de nuestra naturaleza; cuando el pensamiento está encarnado
está desde el contacto con el cuerpo, el pensamiento ahí sí está
integrado, es un pensamiento benigno, positivo, curativo, nuestro
pensar es diferente; ahora cuando el pensamiento está disociado
de nuestro cuerpo, de nuestro aquí y ahora, de nuestro presente
es la clave de nuestra infelicidad; estamos hoy aquí pensando
qué es lo que tenemos que hacer dentro de un rato y no
estamos nunca en ningún lugar; las plantas nos meten en el aquí
y ahora, presente, cuerpo, por eso yo creo que es una medicina
que a Occidente le hace falta, porque somos mandados a hacer para
la disociación y para estar fuera de nosotros, fuera del hogar.
Entonces todas estas culturas milenarias son culturas muy sabias,
que han sabido sobrevivir con nada y con todo, pueblos nómades
que han habitado los bosques tropicales en una total armonía.
Hay
un jesuita que estuvo muchos años viviendo con los aborígenes,
los indígenas de pueblos tropicales y escribió varios libros de
la tierra sin mal, porque decía que realmente era una tierra sin
mal, no había maldad porque las personas estaban en resonancia
consigo misma y la medicina es clave para ellos, es como un resguardo,
una protección, y en eso yo creo que la protección es espiritual,
pero en la espiritualidad que debe ser encarnada, si no, no es
verdaderamente espiritualidad, si la espiritualidad no está encarnada,
estamos lejos.
Hace
muchos años yo le convido plantas a pacientes, yo trabajo con
pacientes adictos, jóvenes, de todo un poco; veo que son catalizadoras
las plantas, ayudan a catalizar procesos, como te confrontan,
te dicen lo que sos, dónde estás y qué tenés que hacer
también, te va dando puntitas; no es la solución de nada, simplemente
es el comienzo, porque el trabajo de curación de uno, cuando uno
es consciente de eso, comienza un día y no termina hasta que uno
se muere, el día que uno se muere es un cambio de estado nada
más, y pasa a habitar otro estado en consonancia con otras cosas,
con la naturaleza. En el Evangelio esto está, Jesucristo cuando
le habla a los Apóstoles les dice: “Vayan y prediquen la buena
nueva”, del Evangelio, no le dice al hombre, le dice a toda la
creación, porque el hombre es hombre en tanto a su creación, su
medio, su habitat; la planta no está afuera, está adentro, la
naturaleza no está afuera está adentro; y hasta que no habitemos
ese lugar, no ocupemos ese lugar, hasta que no nos hubiquemos
ahí no vamos a entender realmente ¿qué venimos a hacer aquí?,
¿qué nos pasa?, o por lo menos tratar de transitar esto desde
un lugar distinto. Yo veo esa gente que no tiene nada, se alimenta
toda la vida con su yuca, su plátano, su arrocito; se mueven en
un ámbito, muy pequeño, no pueden salir de su caserío donde viven
por falta de medios, no conocen ciudades, pero se los ve conectados
y bien, con lo que viven, con lo que hacen.
Nosotros
somos testigos de una agonía desgraciadamente de estas culturas,
yo creo que cientos de años atrás esto debe haber sido muy distinto.
Las
plantas maestras, son maestras y son purgas, purgas en el sentido
de limpieza física y energética, del cuerpo energético; muchas
de ellas son vomitivas: la Ayahuasca es vomitiva, la Wachuma es
vomitiva, la Yahuarpanga es una planta netamente vomitiva; son
maestras, los curanderos las llaman las doctorcitas, “venga la
maestrita te va a enseñar, usted quiere aprender la maestrita
te enseña, toma la planta y tenés la maestrita que te baja la
lección....”, y a los 2 o 3 días si no tenés clara la ficha, te
sigue, y ¿qué hiciste? Con esto, con lo otro. Es brava, te pone
un cuaderno de tareas. Son purgas en sentido de limpieza, la limpieza
va por canales muy profundos, es energético, plenamente energético,
limpia líquidos, humores, las energías se acumulan, somos 80%
de agua, el cuerpo es pura agua, somos humores, todas las malas
experiencias, las malas vibraciones están como albergadas en los
líquidos nuestros; cuando uno toma estas plantas siente que es
atravesado por una energía muy fuerte por todo el cuerpo y saca
y chorrea mocos, saca lágrimas sin llorar, va al baño, diarrea,
vómitos, en sí todo, líquido, limpieza, tomar las plantas muchas
veces agradable no es, no es lindo, pero ahí está, es la cosa
que nos desagrada pero que nos hace bien; la sociedad de consumo
es agradable, todo lindo, lindo el gusto, pero te hacen mucho
daño por dentro; todas las plantas depurativas son amargas, el
sabor amargo es depurativo, a nadie le gusta lo amargo por supuesto,
tomate un té de boldo, un té de cola de caballo, un té de carqueja,
ricos no son, pero te limpian; todas las plantas son esto, lo
amargo, lo curativo, pasar por el trago amargo; por eso nos cuesta
entrar en el cuerpo, no es agradable en un punto, pero el resultado
es bueno; cuando una persona viene y toma plantas, ¿qué va a ser
de la experiencia mía?, yo no lo se que va a ser, yo te voy a
cuidar a ti, te voy a acompañar, la que te va a curar va a ser
la planta, y la planta te va a llevar donde vos tenés que ir,
no se si la vas a pasar bien, pero que el resultado va a ser bueno,
yo te lo garantizo, es como si uno se sacara una tonelada de basura
de encima, cosas viejas; yo muchas veces he dietado, ahora estuve
haciendo dieta en el monte. Dieta ¿qué es? Es el sistema de curación
por excelencia de estas personas de esta medicina, esta medicina
es un sistema, un sistema coherente, bien prolijito. Dieta: es
estar uno en el monte, en la selva, aislado en un tambo, un lugarcito
muy precario, con su hamaca, su camita, comiendo una ración o
dos de comida por día, sin sal ni azúcar, una yuca, un poquito
de arroz dos veces al día. Después de sacarle la sal y la azúcar
al cuerpo se toman las plantas purgativas, entonces uno está ocho
días y el que lo ve es el curandero, se está solo como en un retiro,
no habla con nadie, está solito, está en ayunas y las plantas
van trabajando; y te vienen sueños, por ejemplo, en mi caso he
tenido sueños donde he recorrido mi casa de la infancia, sintiendo
los olores de cada uno de los lugares de mi casa, sí, se despierta
una memoria muy arcaica, está todo dentro de uno, pero estamos
tan bloqueados y tan lejos que no podemos acceder; entonces a
través de estas experiencias se desprenden y empiezan a aparecer
cosas, informaciones, sueños de cosas premonitorias que suceden
dos años después de haberlo soñado, porque los sueños son bien
claritos. Cuando haces la dieta, los 8 días, ahí solito, escribes
todo lo que te viene, son cosas muy coherentes y de mucha profundidad;
también se toma la Ayahuasca en esa semana y realmente es un trabajo
muy reparador, la soledad, el silencio, estar con uno mismo, y
después de salir de la dieta uno tiene que seguir con una dieta
muy estricta, porque esas son las dietas de formación de aprendizaje
y de curación, entonces es un trabajo realmente muy profundo;
sacarle la sal y el azúcar al cuerpo ya produce un cambio en la
química corporal increíble y eso ya produce un estado de conciencia
distinto, si a eso le agregamos la toma de plantas todos los días,
eso hace abrir caminos, es una vibración que te atraviesa por
los cuatro costados, te ayuda a abrir la estructura energética
corporal, entonces el pensamiento ahí tiene otro anclaje, los
afectos tienen otro anclaje y este es el trabajo de curación clave
de los aborígenes.
En
la selva hay dietas de 8 días, 15 días, de 2 o 3 meses, de lo
que se quiera hacer y después las tomas de plantas habituales
que son las sesiones; la Ayahuasca, por ejemplo, se trabaja de
noche, se hace una dieta previa de unos días de no comer ciertas
cosas, igual el día de la toma; el curandero es el encargado de
guiar, de cuidar la experiencia; la guía en realidad es de la
planta, él está ahí cuidando que todo esté como deba ser; ahí
hay un encuadre, un encuadre ritual, como cualquier encuadre,
y sáquense la imagen de que un curandero, un chamán debe ser una
especie de gurú, de maestro, no, los curanderos son gente muy
simple, durante el día se dedican a trabajar su chacra, cuidan
sus animales, siembran la yuca, su plátano y durante la noche
se dedican a curar, ver pacientes, asistir a pacientes; no se
la dan de nada, simplemente cumplen una función; se instalan en
el lugar de la planta y trabajan en el lugar de la planta, son
como guardianes de la planta; la planta opera sola, trabaja sola,
pero ahí hay un cuerpo humano que está ahí, atravesando, y tenemos
que tener en cuenta que nuestros cuerpos son conductores ¿qué
es ser buen conductor?, ser buen conductor es lo que nos permite
dejar que las cosas nos atraviesen; influyen los humanos conductores
cuando estamos bloqueando todo el tiempo las cosas, entonces las
plantas nos permiten ser buenos conductores y esto es importante,
porque un buen conductor permite que se abran nuevos canales y
nos permiten acceder a nuevos lugares, sino nos quedamos como
el ratoncito adentro de la ruedita dando vueltas en el mismo lugar
siempre y hacemos un juego patético toda la vida ¿no?, girando
y no salimos de eso por miedos o por lo que sea. Yo no digo que
sea la única forma, esta es la forma que yo conozco; cuando comencé
tuve que romper con muchas estructuras personales, tuve mucho
miedo, pensaba ¿dónde me estoy metiendo?. Cuando fui a hacer mi
primera dieta con Guillermito, el me dijo vamos al monte a aprender
– bueno vamos – me metí al monte con él y mi sensación era “yo
de acá no salgo o salgo muerto o salgo loco”, esa era mi sensación,
tenía mucho miedo, y después pensaba: “que me manda a mí a hacer
estas cosas, yo soy un tarado, puedo dedicar este tiempo a estar
en la playa disfrutando y estoy adentro del monte haciendo estas
cosas”; pero esas son todas las resistencias que uno se pone para
crecer, para curarse, pero tengo la plena satisfacción de lo que
hice y no me arrepiento nunca, siempre estoy volviendo al lugar,
trabajando en las cosas y esto es un camino, cuando la medicina
se hace un camino y una forma de vida, ya se encarna y es imposible
volver atrás, cada vez que me metí en esto me di cuenta que no
podía volver atrás; hay que ser muy tonto para negarlo, bajar
la cortina y decir: “me dedico a otra cosa”, porque esto tiene
que ver con un llamado muy profundo que uno siente, que es espiritual
y todo tiene que ver con compartirlo, un lugar de servicio. Yo
me dedico a atender gente, posibilitar que la gente tenga acceso
a esta fuente, yo no soy la fuente, la fuente es el vegetal, el
espíritu que está trabajando ahí; los indígenas dicen que cada
planta tiene su madre, la madre del monte, la madre del árbol
de este la madre del árbol del otro, es la madre, el espíritu,
el principio vital; todo tiene su espíritu no solamente los hombres,
es el principio vital, la vida; lo lógico, hay un alma animal,
un alma vegetal, un alma humana, con distintas cualidades pero
todas tienen su espíritu; y el indígena sabe de esto, conoce de
esto y trabaja con esto y puede utilizar este espíritu en pro
de la curación; el Tabaco, el espíritu del Tabaco, qué es el Tabaco
en Occidente, es una adicción; el otro día un paciente me dice:
“Sacha dejé de fumar, no sabes la cuenta que hice........ tuve
30 años de fumador, 30 años que fumé 2 paquetes por día son 432.000
cigarrillos, ¿sabes cuánto es? 50.000 dólares le dejé a la tabacalera,
50.000 de vida, para hacerme daño. En cambio el tabaco en este
otro contexto es curación, se utiliza para soplar el cuerpo del
paciente, se utiliza para icarar. En el trabajo con plantas el
ícaro es el canto, es la oración que se le pone a cada planta,
es como una intención que el curandero le da a la planta para
la curación, es como se hace a través del soplido, el aire, el
neuma, en griego es el espíritu, raj en hebreo. La palabra psicología
viene de la raíz psique, que acá creemos que la psicología es
el estudio de la mente, pero para los griegos la psique era el
alma y era algo tan sublime, tan sagrado que no se animaban a
nombrarlo, entonces un silbidito porque era algo sublime, el alma,
el soplido; cuando Dios en el relato bíblico hace al hombre de
imagen de barro, muñequito de barro, ¿qué hace?, sopla, el soplido
es el hálito, principio vital. El curandero icara, ese acto de
icarar, ponerle intención, darle su espíritu, al espíritu de la
planta que está ahí, que el paciente va a beber, junto con una
oración que es en forma de canto, eso se llama ícaro, también
se sopla con Tabaco cuando la persona está mal, está angustiada.
Les
voy a contar una anécdota: en el Perú las petroleras suelen enviar
a las personas de la empresa, ingenieros, de las oficinas de las
ciudades al monte a trabajar, a hacer investigaciones para perforación
en la selva, iba la expedición, se metía en el monte; la selva
es un lugar muy fuerte, una persona de la ciudad que está estresada
y se encuentra dentro del monte, no lo aguanta, muchas veces esas
personas hacían un cuadro de psicosis al segundo o al tercer día
de expedición; no sabían por qué sucedía esto, y lo remitían a
Lima, lo internaban en un psiquiátrico, le daban pastillas, medicina
de todo tipo, no sabían que le había pasado; en quechua se le
llama “cutipar”, significa cuando un cuerpo débil se pone en contacto
con energía muy fuerte para la cual no está preparado, lo que
vulgarmente se le dice se le fue el alma del cuerpo, tuvo un trauma,
un accidente y quedó corrido, desencajado, se le fue el alma del
cuerpo; entonces se comenzó a incorporar curanderos a las expediciones,
entonces cuando aparecían estos síntomas el curandero los soplaba
con tabaco, la persona volvía a la normalidad, se acomodaba, volvía
su espíritu, y podía seguir trabajando. Es cuando algo queda fuera
de eje, el Tabaco también es una planta medicinal.
Voy
a terminar con unos versos de Atahualpa Yupanqui que se los recomiendo
que los lean: “Tiempo del Hombre”
La partícula cósmica es como un poema, como cosmológico.
Dice así:
Me interno en lo profundo del bosque
Para hablar con las hojas
Y me dan sus mensajes las raíces secretas
Y así voy por la vida sin edad ni destino
Al amparo de un cosmos
Que camina conmigo
El monte da su secreto al que hierve su raíz.
Eso lo dijo el querido Atahualpa, que sabía de estas cositas.
Ha sido lindo compartir un poquito de esto con ustedes.
Gracias.
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