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Encuentro de dos Culturas

 

 LA ETNOMEDICINA Y LAS PLANTAS MAESTRAS

Por Lic. Sacha Domenech – Argentina





Mi nombre es Sacha y soy psicólogo clínico, pertenezco a un grupo de trabajo que funciona aquí en Buenos Aires, se llama Runa Wasi. En realidad trabajamos sobre derecho Indígena, Arte y Cultura y Area de Salud, yo estoy encargado del área de salud. La salud encarada en sentido de un proceso de aprendizaje, donde se trata de articular elementos de la medicina occidental o de la psicoterapia occidental o medicina académica, con elementos de lo que es la etnomedicina o la medicina de los pueblos aborígenes de América.

Esto nace a partir de una experiencia mía personal, he viajado hace muchos años, hace más de 20 años por primera vez a Ecuador, Perú, Colombia, Bolivia y en uno de esos viajes conocí a un curandero: Eduardo Calderón Palomino de la costa norte del Perú, sobre el cual se ha escrito un libro que se llama “El chamán de los cuatro vientos”; en base al conocimiento de esa persona yo pude terminar mi universidad aquí en Buenos Aires; presenté un proyecto de investigación a la Universidad Nacional de Trujillo, que es en el norte de Perú; y ahí hice todo un trabajo de investigación de un año con él, y a partir de ahí entré a lo que es la medicina amazónica, la medicina de la selva. Durante todos estos años periódicamente viajo a Perú y me pongo en contacto con los médicos tradicionales, los curanderos; a través de los cuales voy haciendo un proceso de aprendizaje vivencial, porque esto se aprende con la vivencia; cuando me acerqué a un curandero, Guillermito se llama, le dije: maestro yo quiero aprender a curar con plantas, aprender esta medicina, ¿cómo hay que hacer? "Venga al monte a tomar las plantas", me dijo, y así fue.

Entonces a través de todos estos años continúo, porque esto no termina nunca, recién vengo de hacer uno de esos retiros, cada 6 u 8 meses voy allá, de paso es un taller de reparación para mi vida personal, para sacar y acomodar un poco el eje; se aprende ahí que la curación va acompañada, va de la mano del aprendizaje. A través de todos estos años pude ir como tratando de integrar elementos que he aprendido de estas personas, de este campo de la medicina con cosas que uno aprende de lo académico también; es decir trato de ir llevando a cabo un proceso de síntesis, yo no le llamo a esto medicina alternativa sino complementaria, yo creo que hay que complementar no separar, juntar, integrar; ahí está el desafío para poder construir un puente que nos permita elaborar un paradigma más integrado de lo que es la salud, la curación; porque estamos muy disociados y las plantas en sí, un poco el tema de hoy va a ser una introducción, una introducción de las Plantas Maestras, cómo se encara el tema de la medicina y qué son las Plantas Maestras para esta gente.

Por ejemplo, para que ustedes tengan una idea: hay tres plantas madres en toda América Latina, la Wachuma que es un cactus, que es comúnmente llamado San Pedro, es la planta maestra de toda la zona andina de los pueblos de América; la Ayahuasca que es la planta maestra de toda la cuenca amazónica de América Latina y el Tabaco como planta maestra que se usa tanto en un ámbito como en otro. Hay un sin fin de tipos de plantas maestras, pero estas son las principales.

El San Pedro o la Wachuma son precolombinas, anteriores al Incanato, son plantas que tienen 3000 a 4000 años de uso; la Wachuma y la Ayahuasca cerca de 7000 u 8000 años de uso según los datos; ha sido la medicina a la cual han recurrido los habitantes de los bosques tropicales durante milenios, juntamente con otras; los depositarios de este conocimiento han sido los curanderos, los médicos tradicionales; todo el conocimiento se trasmitía oralmente, de generación en generación. Ahora últimamente con la investigación de los occidentales este tipo de encuadre se ha documentado. Esa fue la fuente de curación durante muchos años de esta gente, pero ¿dónde apareció?, ¿cómo fue que se manifestó? Ustedes imagínense que en una selva, un bosque tropical hay miles de especies, miles de raíces, miles de tallos, miles de hojas, miles de árboles; cómo los primeros habitantes supieron, por ejemplo, que la Ayahuasca es la combinación de dos plantas, el tallo de la Banisteriopsis caapi y las hojas de la Chacruna, ¿cómo sabían?, que la alquimia de esas dos plantas produce el efecto curativo que es la Ayahuasca y que deben ser cocidas, por que hay otras plantas que se consumen en crudo, por ejemplo, hay plantas que se les raspa la corteza de la raíz, y eso se consume; cómo sabían los indígenas que raspando la corteza de esa raíz consumiéndolas crudas o cocidas servían para determinadas enfermedades, no podían ir probando todas las plantas del monte, no, toda esta medicina fue bajada espiritualmente en sueños a los primeros habitantes, fue revelada, es medicina revelada, se reveló qué parte usar y para qué usarla; ese conocimiento después se trasmite de generación en generación, porque siempre lo espiritual es infaltable en este tipo de medicina. En estos años de aprendizaje yo contacté con muchos curanderos con los cuales trabajo un tiempo y después me abro a otros, pero siempre tengo contacto con muchos; como por ejemplo Guillermito, él tenía una enfermedad muy grave, incurable, lo habían desahuciado, un aborigen que se dedicaba a cultivar su chacra, estaba un día durmiendo y tiene un sueño, se le revela que tiene que ir a dietar tal planta al monte, de determinada forma y por tantos días; se levanta a la mañana le dice a la esposa que lo acompañe, va, dieta la planta que se le reveló y la planta lo cura. Pero durante la dieta, que son varios días, en soledad, en tranquilidad; durante un sueño se le revela que puede utilizar esa planta para curar determinados tipos de enfermedades.

Otro caso es el de Huilfredo Tonama, un curandero ayahuasquero que conocí hace muchos años, de la zona de Tarapoto; él era alcohólico, a los 40 años un compañero de tragos le dice de ir a ver a un curandero para que les cure del alcoholismo, y allí fueron; el curandero les dio Ayahuasca y en esta primera sesión Huilfredo vio su curación, la planta le dijo que lo podía curar y se quedó ahí dietando con ese curandero 3 meses; y de ahí en más se curó, vivió 40 años más, hasta los 80 y dedicó esos 40 años a la curación y sanación de pacientes. La planta revela, la planta toca lugares muy sutiles; ese bagaje de conocimiento es lo que se va trasmitiendo y lo que está tendiéndose a perder por la penetración de lo occidental; está la pérdida de la identidad, es así, desgraciadamente.

Los indígenas, los caseríos, están perdiendo sus lugares, están siendo minados, ya están como dejando su lugar, perdiendo el contacto con su lugar primario, tratando de ir a un lugar que es occidente o las ciudades por las situaciones que hay y a las cuales no pueden acceder porque están en un umbral de indefinición que es negativo porque genera mucha marginalidad y pobreza; y los curanderos que son los depositarios no tienen hijos  que les interese seguir con la tradición; los jóvenes dicen: “el viejo está loco, canta, sopla tabaco, esas son cosas de antes”; y estos viejos no quieren morirse con todo lo que saben, entonces desde ahí se da el contacto, la unión de las dos puntas. Yo como persona occidental, no soy indígena, estoy “formado aquí”, pero no me satisfacen muchas cosas de mi estructura personal, de mi estructura de pensamiento, que he ido a buscar en América, adentro, cosas que a mí me han alimentado y me han hecho crecer, ahí es donde yo toco la punta con el otro extremo, con el viejito que está cantando dentro del monte, y ese viejito me da, me enseña; si siente que van de corazón te dan, te enseñan, te hablan, no hay egoísmo porque ellos no quieren que esto se pierda, es para compartirlo; la medicina es para que trascienda y esto es así.

Por ejemplo, el tema de la Ayahuasca, cuando yo empecé con todo esto, hace 15 años, a tomar Ayahuasca, tenía que ir sí o sí a Perú, dedicando 2 ó 3 meses de mi año, meterme en los montes: hoy en día la Ayahuasca sale de los montes y hay gente que hace sesiones en otros lugares, en ciudades, en otros países; así que esto se está difundiendo, la planta ha salido del ámbito primario; porque lo increíble de esto es que son plantas que no solamente sirven en un contexto cultural, para alguien que es nativo, que es indígena, no, estas son medicinas para la humanidad. Que el ámbito de revelación, de primer contacto hayan sido los indígenas, los aborígenes como habitantes primarios de la tierra, fenómeno, pero estas son medicinas que trascienden cualquier ámbito cultural, cualquier ámbito de identidad propio; porque una Ayahuasca puede curar tanto a una persona de una etnia determinada o a un japonés que vive en Tokio, puede curar o ayudar a curar a otra persona que viene de otro contexto, para cada uno tiene un mensaje, tiene un toque, entonces, son plantas transculturales y que van más allá de las épocas, porque la Ayahuasca es una planta milenaria; cuando empecé a ver todo esto, yo al principio me acerqué como investigador viendo qué es esto, y es inevitable no meterse porque yo estaba en las sesiones mirando cómo se trabaja y es inevitable no participar de esto ¿porqué qué pasa?, porque hay una naturaleza personal que llama y que necesita de eso; cuando llega una persona que va a tomar planta, me dice "pero eso no es algo exótico", tu vas a ver que aunque no seas de un bosque tropical, no vivas en una comunidad indígena, a ti la Ayahuasca te va a remitir, o las plantas maestras, o medicinales, te van a remitir a una naturaleza tuya, te van a hacer volver a casa, porque estamos lejos de casa, de un lugar de centro, de resguarde, un lugar de protección; y así nos va, así estamos, totalmente desprotegidos, totalmente expuestos, a merced de lo que pinte; es volver a casa, a recobrar una naturaleza que hemos perdido, una naturaleza, una familiaridad, un contacto; porque es volver a la tierra, la tierra no está afuera, está adentro, la naturaleza no son los pajaritos, los arbolitos, la naturaleza está adentro, es la naturaleza humana, es la encarnación, yo digo que las plantas ayudan a encarnar, a habitar lo más profundo de uno, lo lindo y lo feo, porque no solo son pajaritos de colores, no; la toma de plantas son fuertes, porque uno muchas veces tiene que confrontarse con cosas que no le gustan, que no están afuera, están adentro; no hay nada del hombre que venga de afuera que pueda mancharlo tanto como lo que viene de adentro. Entonces, estas plantas tienen un potencial terapéutico muy fuerte, porque son plantas que bien no son puertas, pero sí son llaves que abren puertas, las puertas están dentro; la Ayahuasca no te inventa nada o las plantas no te inventan nada, simplemente te ponen en contacto con lo que sos, con lo que fuiste y no querés reconocer, con lo que podés llegar a ser.

Anteayer en Lima tuve una entrevista con una monjita australiana que hace 20 años vive allá, se fue a misionar, vive en un barrio marginal de Lima, trabajando con mujeres golpeadas o violadas, una situación muy fuerte; me contaba que no tenía recuerdos de sus primeros 8 años de vida; por esa cosas de la vida se conectó con una amigo mío curandero, aborigen de la selva y comenzó a trabajar con la Ayahuasca y pudo ir recobrando la memoria en un trabajo de tres años, poco a poco, y pudo encontrar, descubrir que ella había sido abusada sexualmente de muy chiquita por su padrastro y esas vivencias las recuperó gracias al trabajo con dietas y con plantas; es decir que destraba cosas, destraba lugares donde es muy difícil llegar o muy costoso, muy lento llegar con otros medios; ojo acá no hay magia, acá con plantas es un trabajo empírico, se trabaja con energía, con vibración, son plantas con alto potencial vibratorio que se utilizan para poder llegar a lugares que sería muy dificultoso llegar, es un trabajo muy fuerte a nivel del cuerpo. Para ir despejando prejuicios, no es para hacer un viaje astral, no para nada, al contrario, es para ir entrando profundamente; si bien hay una realidad sutil, espiritual es cierto, pero es un trabajo que se hace mucho al nivel del cuerpo y poder conectar la espiritualidad albergada en el centro de la materia, que hay como un núcleo espiritual dentro de la materia, y nosotros somos materia y no podemos renegar de ella, nosotros somos cuerpo, no podemos renegar de eso; entonces la única forma de despertar una verdadera espiritualidad es entrando, asumiendo, encarnando, esa es la única forma, entonces, de ahí las plantas nos meten en ese canal, nos hacen entrar en ese canal; tomar las plantas desde ya les digo no es para volar, es todo lo contrario; son muy desagradables, son muy feas de gusto, uno tiene mucho miedo siempre que toma plantas, yo hace años que tomo plantas pero siempre siento un nudito en el estómago y digo, pucha si me invitan a mirar un partido de fútbol  yo me escapo y me voy, bárbaro; pero uno descubre las trampas que tiene uno; las trampas de la mente y el miedo nos tienden trampas todo el tiempo, hay un espíritu falso que anda dando vueltas por ahí, que no nos permite encarnar, que no tolera la encarnación, que no tolera la verdad y todos estamos atrapados en ese espíritu falso, que es la trampa, que es el miedo, que es la desconfianza; yo que veo gente, que atiendo gente, es el gran bloqueo o el gran elemento que todos tenemos que no nos permite crecer como personas, tenemos miedo entonces no podemos confiar, no podemos confiar no podemos entregar, no podemos entregar no podemos amar, no podemos crecer; estamos atrapados, y todo el tiempo las trampas, las trampas de la cabeza, del pensamiento, son trampas. Muchas veces en toda la mística, en la espiritualidad, el demonio es identificado como espíritu del aire, es aquel que reniega de la tierra, que reniega de la encarnación, que reniega la materia; estar en el aire, estar desencarnados, estar arriba, estar en la cabeza, estar en el pensamiento, en lo abstracto, en la disociación; el miedo es un pensamiento, yo tengo miedo a tal cosa..., pero cuando me meto en eso, ya está, no es miedo, es lindo o feo, ya es lo que es, ya no opera el miedo; pero el miedo ¿qué hace?, siempre nos hace estar de este lado, “ahí no pases”, “no cruces porque eso te puede pasar”, y así estamos, nos hace estar atados de pies y manos y las plantas ayudan a poder limpiar estos miedos, miedos muy profundos, personales y culturales, porque occidente viene de una cultura del “pienso luego existo”, el cuerpo es la cárcel del alma, occidente es el heredero de toda una cosa que venimos encuadrados, marqueteados, formateados y esto está dentro nuestro, a eso agreguémosle todas las deficiencias afectivas que hemos vivido durante nuestra crianza, bueno en fin, muchas cosas que no nos permiten vivir plenamente, no nos permiten la profundidad de la vida, la vida es muy linda cuando es profunda, es muy intensa, lo lindo y lo feo, porque yo creo que ahí está la vida. En occidente, la sociedad de consumo está basada en los miedos, agarra esto, aferrate a lo otro porque si no te puede pasar esto o lo otro. El punto clave que se mete adentro de la persona es el miedo, el control, si no controlamos, no podemos; cuando tomamos las plantas, cuando entramos al monte a dietar, tenemos que entregar porque ya no controlamos nada, entregamos o renegamos, estérilmente, no sirve, entonces, o entregamos y aprendemos y ahí está la cosa, o estamos luchando con molinos de viento; y las plantas nos meten en eso porque no controlamos ya con la cabeza, ya está la planta adentro y te lleva y te trae por donde ella quiere y ahí pilotearla, pero siempre da una salida, siempre, te mete en lugares muy fuertes pero te dice por aquí, ¿querés salir?, por aquí está, a la tierrita, ahí baja todo, ahí se acomoda; porque el pensamiento es diabólico o es satánico cuando no está encarnado, diabólico o satánico en cuanto diablo de disociación, de separar, es maligno, en el sentido que nos hace mal, va en contra de nuestra naturaleza; cuando el pensamiento está encarnado está desde el contacto con el cuerpo, el pensamiento ahí sí está integrado, es un pensamiento benigno, positivo, curativo, nuestro pensar es diferente; ahora cuando el pensamiento está disociado de nuestro cuerpo, de nuestro aquí y ahora, de nuestro presente es la clave de nuestra infelicidad; estamos hoy aquí pensando qué es lo que tenemos que hacer dentro de un rato y no estamos nunca en ningún lugar; las plantas nos meten en el aquí y ahora, presente, cuerpo, por eso yo creo que es una medicina que a Occidente le hace falta, porque somos mandados a hacer para la disociación y para estar fuera de nosotros, fuera del hogar. Entonces todas estas culturas milenarias son culturas muy sabias, que han sabido sobrevivir con nada y con todo, pueblos nómades que han habitado los bosques tropicales en una total armonía.

Hay un jesuita que estuvo muchos años viviendo con los aborígenes, los indígenas de pueblos tropicales y escribió varios libros de la tierra sin mal, porque decía que realmente era una tierra sin mal, no había maldad porque las personas estaban en resonancia consigo misma y la medicina es clave para ellos, es como un resguardo, una protección, y en eso yo creo que la protección es espiritual, pero en la espiritualidad que debe ser encarnada, si no, no es verdaderamente espiritualidad, si la espiritualidad no está encarnada, estamos lejos.

Hace muchos años yo le convido plantas a pacientes, yo trabajo con pacientes adictos, jóvenes, de todo un poco; veo que son catalizadoras las plantas, ayudan a catalizar procesos, como te confrontan, te dicen lo que sos, dónde estás y qué tenés que hacer también, te va dando puntitas; no es la solución de nada, simplemente es el comienzo, porque el trabajo de curación de uno, cuando uno es consciente de eso, comienza un día y no termina hasta que uno se muere, el día que uno se muere es un cambio de estado nada más, y pasa a habitar otro estado en consonancia con otras cosas, con la naturaleza. En el Evangelio esto está, Jesucristo cuando le habla a los Apóstoles les dice: “Vayan y prediquen la buena nueva”, del Evangelio, no le dice al hombre, le dice a toda la creación, porque el hombre es hombre en tanto a su creación, su medio, su habitat; la planta no está afuera, está adentro, la naturaleza no está afuera está adentro; y hasta que no habitemos ese lugar, no ocupemos ese lugar, hasta que no nos hubiquemos ahí no vamos a entender realmente ¿qué venimos a hacer aquí?, ¿qué nos pasa?, o por lo menos tratar de transitar esto desde un lugar distinto. Yo veo esa gente que no tiene nada, se alimenta toda la vida con su yuca, su plátano, su arrocito; se mueven en un ámbito, muy pequeño, no pueden salir de su caserío donde viven por falta de medios, no conocen ciudades, pero se los ve conectados y bien, con lo que viven, con lo que hacen.

Nosotros somos testigos de una agonía desgraciadamente de estas culturas, yo creo que cientos de años atrás esto debe haber sido muy distinto.

Las plantas maestras, son maestras y son purgas, purgas en el sentido de limpieza física y energética, del cuerpo energético; muchas de ellas son vomitivas: la Ayahuasca es vomitiva, la Wachuma es vomitiva, la Yahuarpanga es una planta netamente  vomitiva; son maestras, los curanderos las llaman las doctorcitas, “venga la maestrita te va a enseñar, usted quiere aprender la maestrita te enseña, toma la planta y tenés la maestrita que te baja la lección....”, y a los 2 o 3 días si no tenés clara la ficha, te sigue, y ¿qué hiciste? Con esto, con lo otro. Es brava, te pone un cuaderno de tareas. Son purgas en sentido de limpieza, la limpieza va por canales muy profundos, es energético, plenamente energético, limpia líquidos, humores, las energías se acumulan, somos 80% de agua, el cuerpo es pura agua, somos humores, todas las malas experiencias, las malas vibraciones están como albergadas en los líquidos nuestros; cuando uno toma estas plantas siente que es atravesado por una energía muy fuerte por todo el cuerpo y saca y chorrea mocos, saca lágrimas sin llorar, va al baño, diarrea, vómitos, en sí todo, líquido, limpieza, tomar las plantas muchas veces agradable no es, no es lindo, pero ahí está, es la cosa que nos desagrada pero que nos hace bien; la sociedad de consumo es agradable, todo lindo, lindo el gusto, pero te hacen mucho daño por dentro; todas las plantas depurativas son amargas, el sabor amargo es depurativo, a nadie le gusta lo amargo por supuesto, tomate un té de boldo, un té de cola de caballo, un té de carqueja, ricos no son, pero te limpian; todas las plantas son esto, lo amargo, lo curativo, pasar por el trago amargo; por eso nos cuesta entrar en el cuerpo, no es agradable en un punto, pero el resultado es bueno; cuando una persona viene y toma plantas, ¿qué va a ser de la experiencia mía?, yo no lo se que va a ser, yo te voy a cuidar a ti, te voy a acompañar, la que te va a curar va a ser la planta, y la planta te va a llevar donde vos tenés que ir, no se si la vas a pasar bien, pero que el resultado va a ser bueno, yo te lo garantizo, es como si uno se sacara una tonelada de basura de encima, cosas viejas; yo muchas veces he dietado, ahora estuve haciendo dieta en el monte. Dieta ¿qué es? Es el sistema de curación por excelencia de estas personas de esta medicina, esta medicina es un sistema, un sistema coherente, bien prolijito. Dieta: es estar uno en el monte, en la selva, aislado en un tambo, un lugarcito muy precario, con su hamaca, su camita, comiendo una ración o dos de comida por día, sin sal ni azúcar, una yuca, un poquito de arroz dos veces al día. Después de sacarle la sal y la azúcar al cuerpo se toman las plantas purgativas, entonces uno está ocho días y el que lo ve es el curandero, se está solo como en un retiro, no habla con nadie, está solito, está en ayunas y las plantas van trabajando; y te vienen sueños, por ejemplo, en mi caso he tenido sueños donde he recorrido mi casa de la infancia, sintiendo los olores de cada uno de los lugares de mi casa, sí, se despierta una memoria muy arcaica, está todo dentro de uno, pero estamos tan bloqueados y tan lejos que no podemos acceder; entonces a través de estas experiencias se desprenden y empiezan a aparecer cosas, informaciones, sueños de cosas premonitorias que suceden dos años después de haberlo soñado, porque los sueños son bien claritos. Cuando haces la dieta, los 8 días, ahí solito, escribes todo lo que te viene, son cosas muy coherentes y de mucha profundidad; también se toma la Ayahuasca en esa semana y realmente es un trabajo muy reparador, la soledad, el silencio, estar con uno mismo, y después de salir de la dieta uno tiene que seguir con una dieta muy estricta, porque esas son las dietas de formación de aprendizaje y de curación, entonces es un trabajo realmente muy profundo; sacarle la sal y el azúcar al cuerpo ya produce un cambio en la química corporal increíble y eso ya produce un estado de conciencia distinto, si a eso le agregamos la toma de plantas todos los días, eso hace abrir caminos, es una vibración que te atraviesa por los cuatro costados, te ayuda a abrir la estructura energética corporal, entonces el pensamiento ahí tiene otro anclaje, los afectos tienen otro anclaje y este es el trabajo de curación clave de los aborígenes.

En la selva hay dietas de 8 días, 15 días, de 2 o 3 meses, de lo que se quiera hacer y después las tomas de plantas habituales que son las sesiones; la Ayahuasca, por ejemplo, se trabaja de noche, se hace una dieta previa de unos días de no comer ciertas cosas, igual el día de la toma; el curandero es el encargado de guiar, de cuidar la experiencia; la guía en realidad es de la planta, él está ahí cuidando que todo esté como deba ser; ahí hay un encuadre, un encuadre ritual, como cualquier encuadre, y sáquense la imagen de que un curandero, un chamán debe ser una especie de gurú, de maestro, no, los curanderos son gente muy simple, durante el día se dedican a trabajar su chacra, cuidan sus animales, siembran la yuca, su plátano y durante la noche se dedican a curar, ver pacientes, asistir a pacientes; no se la dan de nada, simplemente cumplen una función; se instalan en el lugar de la planta y trabajan en el lugar de la planta, son como guardianes de la planta; la planta opera sola, trabaja sola, pero ahí hay un cuerpo humano que está ahí, atravesando, y tenemos que tener en cuenta que nuestros cuerpos son conductores ¿qué es ser buen conductor?, ser buen conductor es lo que nos permite dejar que las cosas nos atraviesen; influyen los humanos conductores cuando estamos bloqueando todo el tiempo las cosas, entonces las plantas nos permiten ser buenos conductores y esto es importante, porque un buen conductor permite que se abran nuevos canales y nos permiten acceder a nuevos lugares, sino nos quedamos como el ratoncito adentro de la ruedita dando vueltas en el mismo lugar siempre y hacemos un juego patético toda la vida ¿no?, girando y no salimos de eso por miedos o por lo que sea. Yo no digo que sea la única forma, esta es la forma que yo conozco; cuando comencé tuve que romper con muchas estructuras personales, tuve mucho miedo, pensaba ¿dónde me estoy metiendo?. Cuando fui a hacer mi primera dieta con Guillermito, el me dijo vamos al monte a aprender – bueno vamos – me metí al monte con él y mi sensación era “yo de acá no salgo o salgo muerto o salgo loco”, esa era mi sensación, tenía mucho miedo, y después pensaba: “que me manda a mí a hacer estas  cosas, yo soy un tarado, puedo dedicar este tiempo a estar en la playa disfrutando y estoy adentro del monte haciendo estas cosas”; pero esas son todas las resistencias que uno se pone para crecer, para curarse, pero tengo la plena satisfacción de lo que hice y no me arrepiento nunca, siempre estoy volviendo al lugar, trabajando en las cosas y esto es un camino, cuando la medicina se hace un camino y una forma de vida, ya se encarna y es imposible volver atrás, cada vez que me metí en esto me di cuenta que no podía volver atrás; hay que ser muy tonto para negarlo, bajar la cortina y decir: “me dedico a otra cosa”, porque esto tiene que ver con un llamado muy profundo que uno siente, que es espiritual y todo tiene que ver con compartirlo, un lugar de servicio. Yo me dedico a atender gente, posibilitar que la gente tenga acceso a esta fuente, yo no soy la fuente, la fuente es el vegetal, el espíritu que está trabajando ahí; los indígenas dicen que cada planta tiene su madre, la madre del monte, la madre del árbol de este la madre del árbol del otro, es la madre, el espíritu, el principio vital; todo tiene su espíritu no solamente los hombres, es el principio vital, la vida; lo lógico, hay un alma animal, un alma vegetal, un alma humana, con distintas cualidades pero todas tienen su espíritu; y el indígena sabe de esto, conoce de esto y trabaja con esto y puede utilizar este espíritu en pro de la curación; el Tabaco, el espíritu del Tabaco, qué es el Tabaco en Occidente, es una adicción; el otro día un paciente me dice: “Sacha dejé de fumar, no sabes la cuenta que hice........ tuve 30 años de fumador, 30 años que fumé 2 paquetes por día son 432.000 cigarrillos, ¿sabes cuánto es? 50.000 dólares le dejé a la tabacalera, 50.000 de vida, para hacerme daño. En cambio el tabaco en este otro contexto  es curación, se utiliza para soplar el cuerpo del paciente, se utiliza para icarar. En el trabajo con plantas el ícaro es el canto, es la oración que se le pone a cada planta, es como una intención que el curandero le da a la planta para la curación, es como se hace a través del soplido, el aire, el neuma, en griego es el espíritu, raj en hebreo. La palabra psicología viene de la raíz psique, que acá creemos que la psicología es el estudio de la mente, pero para los griegos la psique era el alma y era algo tan sublime, tan sagrado que no se animaban a nombrarlo, entonces un silbidito porque era algo sublime, el alma, el soplido; cuando Dios en el relato bíblico hace al hombre de imagen de barro, muñequito de barro, ¿qué hace?, sopla, el soplido es el hálito, principio vital. El curandero icara, ese acto de icarar, ponerle intención, darle su espíritu, al espíritu de la planta que está ahí, que el paciente va a beber, junto con una oración que es en forma de canto, eso se llama ícaro, también se sopla con Tabaco cuando la persona está mal, está angustiada.

Les voy a contar una anécdota: en el Perú las petroleras suelen enviar a las personas de la empresa, ingenieros, de las oficinas de las ciudades al monte a trabajar, a hacer investigaciones para perforación en la selva, iba la expedición, se metía en el monte; la selva es un lugar muy fuerte, una persona de la ciudad que está estresada y se encuentra dentro del monte, no lo aguanta, muchas veces esas personas hacían un cuadro de psicosis al segundo o al tercer día de expedición; no sabían por qué sucedía esto, y lo remitían a Lima, lo internaban en un psiquiátrico, le daban pastillas, medicina de todo tipo, no sabían que le había pasado; en quechua se le llama “cutipar”, significa cuando un cuerpo débil se pone en contacto con energía muy fuerte para la cual no está preparado, lo que vulgarmente se le dice se le fue el alma del cuerpo, tuvo un trauma, un accidente y quedó corrido, desencajado, se le fue el alma del cuerpo; entonces se comenzó a incorporar curanderos a las expediciones, entonces cuando aparecían estos síntomas el curandero los soplaba con tabaco, la persona volvía a la normalidad, se acomodaba, volvía su espíritu, y podía seguir trabajando. Es cuando algo queda fuera de eje, el Tabaco también es una planta medicinal.

Voy a terminar con unos versos de Atahualpa Yupanqui que se los recomiendo que los lean: “Tiempo del Hombre”
La partícula cósmica es como un poema, como cosmológico. Dice así:

Me interno en lo profundo del bosque
Para hablar con las hojas
Y me dan sus mensajes las raíces secretas
Y así voy por la vida sin edad ni destino
Al amparo de un cosmos
Que camina conmigo

El monte da su secreto al que hierve su raíz.
Eso lo dijo el querido Atahualpa, que sabía de estas cositas. Ha sido lindo compartir un poquito de esto con ustedes.

Gracias.

 

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