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PSIQUIS Y CUERPO EN EL AYAHUASCA

                                                                                Por Gilbert Bowe –





Sabemos que el uso de plantas y psicotrópicas han ocupado un lugar muy importante en la mayoría de los países del mundo. Desde tiempos remotos hasta hoy día se han empleado no sólo en la medicina, sino también en todos los tipos de rituales, prácticas y ceremonias esotéricas.

Acerca del uso y de los efectos de una de estas plantas hablaremos hoy.

Se trata del enteógeno “Ayahuasca”, (Banisteriopsis Caapi), ampliamente conocido y respetado en la zona amazónica por sus valores terapéuticos, sin embargo, experimentado por una minoría, ya sea, por miedo de sus efectos, por desprecio, o simplemente por ignorancia.

Sólo aquellos pacientes quienes, por necesidad, causada por una enfermedad aguda o malestares para los cuales la medicina moderna no ha podido encontrar soluciones o traer alivio, han entrado en contacto directo con este vegetal y han podido comprobar los resultados positivos, a veces curaciones espontáneas.

Muchas de estas personas, teniendo prueba del éxito de este tratamiento, seguirán tomando, de vez en cuando, en los años futuros el “Ayahuasca” y lo recomiendan a sus familiares y conocidos.

A menudo, con “Ayahuasca” u otros vegetales, junto con dietas de larga duración, enfermedades han sido curadas para las cuales hospitales y médicos no han podido hacer nada, dejándolas como casos incurables, o bien encuentran soluciones fatales como, por ejemplo, intervenciones quirúrgicas, amputaciones, etc.

El curandero atribuía muchas veces a curaciones sorprendentes, siempre que el paciente siga todas las indicaciones que no son siempre fáciles de cumplir, muchas veces rigurosas.

El paciente está primeramente invitado a participar en una sesión de “Ayahuasca”, incluso a tomar él también la purga si el maestro lo ve necesario. En caso contrario, sólo el curandero toma la purga para, bajo los efectos psicotrópicos y sobrenaturales del brebaje, hacer el diagnostico de la enfermedad y descubrir el remedio o el tratamiento adecuado para la curación.

El paciente, toma el brebaje, él mismo puede, en sus visiones, ver las causas de su enfermedad, lo cual ayuda ya a la curación, ocasionando así cambios en su conducta, hábitos, etc., los cuales son causantes de la enfermedad. El individuo puede en sus visiones claramente ver los aspectos nocivos, por ejemplo, de sus costumbres diarias o hasta diferenciar aspectos de los más sutiles de su propia estructura psicológica y fisiológica y así, tomar conciencia para un cambio o mejoramiento.

La clave es naturalmente el curandero o maestro, quien con su guía y dirección, sus conocimientos sobrenaturales, atribuye activamente a la curación. Generalmente, éste prescribe al paciente, aparte del “Ayahuasca”, repetidas tomas de otros vegetales, incluyendo dietas que pueden durar entre dos o tres semanas hasta seis meses o más, evitando comidas fuertes como chancho, manteca, ají o picantes, sal, dulce, cítricos y varias especies de pescado o aves, limitando así la alimentación a una dieta sencilla y rudimentaria. La persona sólo come un poco de pescado o gallina de chacra con algo de plátano verde sancochado, ambos sin sal, y como única bebida le es admitida el agua.

Aparte de la dieta alimentaria, también está obligado por lo menos aconsejado de abstenerse de relaciones sexuales durante cierto tiempo. Dependiendo de lo grave del caso es recomendable aislar al paciente de la gente. A menudo está invitado a vivir con el curandero en un sitio alejado, en su chacra por ejemplo, donde no llegan personas ajenas, a lo largo de varios meses.

Durante este tiempo el maestro, a través de cantos, sopladas con humo de tabaco o agua florida, imposición de manos, chupadas en las diferentes partes del cuerpo y en la corona, transmite al paciente su poder sobrenatural y curativo, sanando así las partes afectadas del organismo y sacando el mal del cuerpo del enfermo.

Muchos curanderos han empezado a tomar “Ayahuasca”, siendo ellos mismos atacados por una enfermedad y curándose de la misma han sido iniciados y así, pasando por un aprendizaje de muchos años, dietando, tomando “Ayahuasca” y varios otros vegetales con un maestro, desintoxicando sus propios cuerpos, purificándose y abriendo su mente y espíritu a un nuevo mundo mágico, misterioso, adquiriendo poderes sobrenaturales.

Difícil de creer o aceptar para algunos, pero perfectamente comprobable para la persona que ha tenido alguna otra experiencia extrasensorial, lo real que son estas fuerzas sobrenaturales en el hombre, activados por las plantas. Lejos de todo tipo de creencias, se trata aquí de hechos.

Quiero ahora exponer este fenómeno desde un ángulo basado en lo experimental. ¿Qué pasa con uno cuando se ingiere esta planta potente, el “Ayahuasca”? No sólo se pueden constatar cambios y alteraciones físicas, sino también y sobre todo psíquicas.

Una vez ingerido el brebaje, pasando unos 20 o 25 minutos, se empieza a sentir los efectos. Físicamente se empieza a sentir impulsos fuertes, corrientes, temblores, flujos, movimientos giratorios en el cerebro y delante de los ojos, colores luminosos, formas geométricas o abstractas. Se escuchan ruidos, exteriormente como interiormente.

Vistos estos fenómenos se utiliza generalmente la expresión “mareación”. Pero es algo más que una simple mareación. Los activantes y componentes purgatorios funcionan de una manera tan compleja que es difícil describirlos, incluso imposible de entenderlos por completo de forma racional.

Digamos, en primer instante hay una desintoxicación mediante vómitos. Los tóxicos contenidos en el cuerpo humano, están eliminados. Los vómitos cesan, una vez limpiado el cuerpo, después de repetidas o continuas tomas del brebaje. No obstante, los efectos purificativos siguen en el cuerpo fisiológicos y psíquico de forma más sutil. Así que no sólo toma lugar una desintoxicación física, sino también una desintoxicación psíquica o, dicho en otras palabras, una purificación de elementos perturbatorios en la estructura psicológica. Esta última se puede expresar en un buen grado en las visiones que el individuo tiene, cuales son normalmente el acompañante más significativo. Una exteriorización y visualización de componentes psicológicos escondidos en nuestro consciente y subconsciente.

La naturaleza, la forma y los detalles de las visiones nos dan importantes mensajes sobre nosotros mismos. Una vez activados los principios alucinógenos uno se encuentra lanzado a otra dimensión. En un mundo donde todo está completamente potencializado. De pronto nuestra conciencia se ha abierto tan inmensamente que nos quedamos admirados. No sabemos qué hacer con tanta potencia. Tenemos que acostumbrarnos a movernos dentro de ella. Nos damos cuenta de la importancia de nuestras limitaciones diarias. La importancia y pequeñez de nosotros mismos. Aspectos de nuestro ser se nos ofrecen claramente, nítidamente. Vemos las cosas de manera tan nítida que no hay dudas, ni hay excusas. Los aspectos de nosotros mismos que visualizamos tenemos que enfrentarlos. Esta vez no podemos huir de ellos, ni ignorarlos. Hay una certidumbre tan inmensa, un entendimiento tan profundo que nos hace ver lo que somos. Las pequeñas identificaciones de todos los días, las pequeñas seguridades que nos confortan tanto, se nos ofrecen claramente por lo que son. Un modo ilusionario y limitado de ver el mundo en el cual vivimos. En esta nueva dimensión no hay identificaciones, no hay seguridades. Sólo hay fuerza, hay vida intensa. La mejor expresión para llamar a estos momentos en los cuales entendemos profundamente, a estos instantes en los cuales “vemos” verdaderamente. Esta quizás es la mayor visión donde la mente se ha quedado atrás, donde la conciencia se vuelve un espacio sin límites.

La duración de las visiones es normalmente alrededor de 3 a 4 horas. Lo importante en este acontecimiento es que en muchos casos puede tener una influencia continua sobre el individuo. Hasta puede ocasionar cambios duraderos en su vida.

Las diferentes características de las visiones son íntimamente ligadas a su estructura psicológica, el trasfondo cultural, religioso y educativo de la persona. Pero, sea cual sea la forma de una visión, siempre tiene un mensaje específico. Es como una escritura simbólica, un lenguaje visualizado. Bien pueden varias personas tener distintas visiones con matices simbólicos variados cada uno, pero tener la misma experiencia trascendente.

Nuestra conciencia ordinaria enfrenta una nueva forma de ver la cual quizá tenemos primero que aprender a entender y descifrar. Estos mensajes que se nos ofrecen, pueden tener los aspectos de los más descomunales y desconocidos, pero sus significados son de los mas intrínsecos.

Otro factor muy importante en el uso del “Ayahuasca” es el hecho de que no sólo podemos tener visiones y entendimientos acerca de nuestra propia persona, sino también acerca de otras personas cercanas, los mismos participantes de la sesión de “Ayahuasca”, o ajenas, que no están presentes.

Los curanderos aprenden a utilizar estos fenómenos, descifrar el simbolismo y reconocer los contenidos de sus visiones, usando la energía cósmica y el poder mágico que están a su alcance para realizar curaciones u otras hazañas inexplicables.

A través de la experiencia del “Ayahuasca” entramos en otras dimensiones y descubrimos lo desconocido, pasando por un proceso de purificación el cual concentra toda nuestra atención hacia nosotros mismos con nuestro pasado, nuestras experiencias vividas, nuestra memoria, nuestros placeres, sufrimientos, emociones, sentimientos, odios, etc., no siempre fáciles de enfrentar. Pero también nos permite enfocar un presente, un aquí y ahora absoluto en el cual podemos existir, abierto a todo conocimiento.

¿Lograr en este viaje, liberarse de toda carga del pasado, de nuestro racionalismo y nuestra lógica tan bien aprendida nos abre el camino hacia un conocimiento más amplio de nosotros mismos y del mundo que nos rodea?

Los activantes descomunales de esta planta terapéutica posibilita al ser humano lograr una visión más allá de sus limitaciones, destruyendo la barrera de su percepción diaria y común de la realidad, de sí mismo y del mundo para entrar en una realidad nueva, desconocida e inalcanzable para el hombre común. Hay que entender que romper nuestra percepción del mundo corriente, en el cual nos sentimos tan seguros y para lo cual hemos sido formados y educados desde nuestro nacimiento, es la clave para abrir las alas de nuestra percepción y experimentar la potencialidad y posibilidad real que tenemos para vivir, actuar y realizarnos más allá de toda nuestra imaginación racional y conceptiva.

El liberarse de nuestra condición de racionalismo, del aferrarse a nuestra mente, de nuestras ideas, conceptos y pensamientos forma la puerta de entrada hacia otros estados de percepción. El “Ayahuasca” puede ayudarnos a trascender nuestro condicionamiento y abrir esta puerta para que el movimiento o la energía cósmica fluya libremente entre el espacio exterior e interior en nosotros.

En los momentos culminantes de la “mareación”, ya no podemos contar con nuestros recursos habituales, como controlar con el pensamiento y la razón la situación. Más bien resulta perturbador querer utilizar estos medios comunes. Hay otros recursos, otras potencias, fuentes que implican la totalidad de nuestro ser para actuar en este estado de conciencia acrecentada. En el mismo instante que desconectamos de nuestros pensamientos, de nuestro intelecto, de nuestro control habitual, abrimos esta puerta hacia un mundo indescriptible, incomprensible para existir en la totalidad de nosotros mismos, empleando cada partícula de nuestro ser consciente.

Hay ciertas semejanzas entre estas experiencias sobrenaturales en el “Ayahuasca” y aspectos del yoga de la India, sobre todo el Kundalini-yoga.

Experiencias de este tipo, que en el yoga se pueden lograr después de largas prácticas, ocurren a veces en la mareación con “Ayahuasca” espontáneamente. En el Kundalini-yoga, potencias y energías, latentes en cada hombre, están liberadas y activadas. Una vez despertadas estas energías, llevan al yogui al conocimiento a través de un proceso de purificación física y psíquica. La mente y la conciencia del yogui se quedan impregnadas por otra energía, se limpia y volviéndose cada vez más sutil le hace reconocer nuevos aspectos de la vida y de sí mismo, basado en la comprensión. Flujos de energía sutil pasan a través de su columna vertebral para llegar finalmente a lo alto de la cabeza culminando en la corona, la misma que tiene una posición primordial en las prácticas esotéricas de los chamanes de la selva.

Llegando a este nivel nos hace reflexionar la teoría de algunos investigadores que enfatizan que toda la filosofía hindú con sus prácticas de yoga y sus representaciones simbólicas de dioses, etc., está basada en muy antiguos ritos y cultos de plantas entéogenas como el culto del hongo “Amanita Muscaria”.

Hay mucho misterio en las prácticas esotéricas que existen en todo el mundo. Nos dan crédito de esto, el conocimiento y la sabiduría comunicados por algunos eruditos quienes han empezado a inquirir la realidad de esta vida y de nuestra condición como seres conscientes.

Rompiendo las cadenas que nos condicionan, abrimos el camino que nos lleva hacia la aventura que va mucho más allá del nacimiento y de la muerte.

No nos ofrece solamente nuevas posibilidades en la medicina y en la curación, sino también un paso hacia la libertad y la realización de nosotros mismos, descarga espontánea de energía a lo largo de la columna vertebral. Se trata de la misma ya mencionada en el yoga.

Otro fenómeno muy interesante por su similitud con el yoga son unos movimientos y posiciones de las manos, dedos y antebrazos, conocidos en la India con el nombre de “Mudras” que se ofrecen al yogui espontáneamente o aprendiéndolos en sus prácticas. En los estados Modificados del “Ayahuasca” se puede presentar este fenómeno espontáneamente, lo cual significa una liberación de energías por las vías y los canales sutiles que atraviesan todo el cuerpo humano.

No podemos dejar de mencionar todas las prácticas y técnicas sofisticadas y asombrosas que realizan algunos yoguis para limpiar sus estómagos, intestinos y vías respiratorias. En el “Ayahuasca” sus activantes purgativos realizan esta limpieza, basada en la fuerza curativa de los vegetales de la selva.

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