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Cuentan los Tobas que una vez había dos hermanos que trabajaban
para un hombre muy poderoso. Pero el hermano mayor tenía
la costumbre de que cuando el jefe mandaba hacer algo difícil,
le pasaba el trabajo al menor:
- Dale, hacélo vos - le decía.
El pobre iba y lo hacía, y andaba siempre cansadísimo,
porque le tocaba hacer el trabajo suyo y el del hermano.
Una vez, ese patrón dijo que andaba buscando alguien que
le agarrara un caballo muy lindo pero muy arisco que había
en el campo. Nunca nadie había podido enlazar a ese animal,
que estaba lleno de mañas, tenía mucha fuerza y
corría como ninguno.
Entonces, el hermano mayor, siempre tan vivo, dijo que él
se iba a ocupar de eso:
- Lo mando a mi hermano. Va a ver cómo lo agarra lo más
bien.
- Bueno -dijo el jefe-. Pero a mí no me gusta que me hagan
promesas que después no se cumplen. ¡Si su hermano
no me trae el caballo, le corto la cabeza!
Ahí salió al campo el pobre muchacho, muy preocupado
porque no sabía como iba a hacer. Entonces tuvo una idea.
Llamó a los tábanos:
- ¡Tábanos, tábanos, ayúdenme ¡Tengo
que agarrar a ese caballo arisco!
Enseguida empezaron a llegar tábanos y más tábanos,
volando de todas partes.
-¡Bzzz, bzzz! -zumbaban y revoloteaban alrededor del muchacho
sin picarlo.
- ¿Me van a ayudar? - les preguntó.
- ¡ Bzzz, bzzz! - le contestaron, y él supo que decían
que sí.
Siguió caminando con los tábanos hasta que encontraron
al caballo. Apenas vio venir al muchacho, el caballo empezó
a correr pero los bichos volaron rápido, lo rodearon, se
le posaron todos en la cara y no lo dejaron ver nada. Era como
si le hubieran metido un trapo en la cabeza, tantos tábanos
había, y se tuvo que parar.
Entonces el muchacho lo ató con una soga y se lo llevó
a su patrón, que se puso muy contento.
Pero ahora que se había lucido tanto con esto, el jefe
lo tenía todo el día mandándole hacer cosas
difíciles.
El muchacho se cansó:
- ¡No doy más! ¡Me tienen loco este jefe caprichoso
y el vivo de mi hermano! ¡Yo me mando a mudar!
Sin decirle nada a nadie, juntó mucha carne en una bolsa
y se fue. Anduvo caminando bastante, con su bolsa de comida, y
al final se encontró con un águila.
- ¡Aguila, ayúdame! -le pidió-. Me quiero
ir lejos. ¿No me llevás?
- Bueno- le contestó el águila -. Te voy a llevar
lejos, muy lejos. Vamos a cruzar el mar. Pero eso va a durar días.
¿Tenés comida? Porque si me canso y no tengo nada
que comer, no voy a aguantar y nos vamos a caer al agua.
- Tengo un montón de carne - le dijo el muchacho y le enseñó
la bolsa.
- Está bien, móntate encima y vamos nomás.
El muchacho se subió al águila y ella empezó
a volar. Iban por sobre el monte y el campo, y al final llegaron
al mar. No se veía la otra orilla. El águila volaba
y volaba y el muchacho iba muy contento, mirando todo.
Después de un rato, el águila dio vuelta la cabeza,
miró al muchacho y él se dio cuenta de que tenía
hambre. Sacó carne de la bolsa, la fue cortando en pedazos
con un cuchillo y se los fue metiendo en el pico. Siguieron volando
y se hizo de noche.
Cuando salió el sol, el águila miró otra
vez para atrás y el muchacho cortó más carne
y se la dio. Lo mismo pasó al medio día, a la tarde
y antes del anochecer.
Al día siguiente, el mar no se acababa pero la carne sí,
¡hay que ver cómo comía esa águila!.
El muchacho le dio el último pedacito. Al rato, se empezó
a ver tierra en el horizonte.
- ¡Parece que en un rato llegamos -dijo el muchacho.
- ¡Sí, pero yo necesito comer más! -contestó
el águila.
- ¡Aguantá, que falta poco! - la animaba el otro.
El águila siguió volando, pero al rato dijo:
- No tengo más fuerza. O como algo o me caigo.
- ¡Metéle, que ya falta poco! -le decía el
muchacho, porque la verdad es que estaban bastante cerca.
- ¡Te digo que no doy más!
Entonces el muchacho agarró el cuchillo, se cortó
una lonjita de carne del muslo y se la metió en el pico.
Así el águila pudo llegar.
Cuando estuvieron en la orilla, ya era de noche. El águila
juntó fuerza un rato y salió volando de nuevo, pero
sola. Subió, subió, subió y llegó
hasta el cielo. Ahí se quedó para siempre, convertida
en una estrella muy brillante.
El muchacho se quedó mirando. Le había gustado tanto
el viaje por el aire, que ahora ya no quería más
quedarse en la tierra. Entonces se puso a cantar una canción
mágica y se transformó en la Tormenta.
Desde entonces, anda siempre por el cielo, de un lado para el
otro, sin parar.
¿QUIÉNES SON LOS TOBAS?
Los Tobas son un pueblo americano; hace cientos y cientos de
años que viven en tierras argentinas, desde muchísimo
antes de la llegada de los españoles.
Fueron un pueblo grande e importante. Vivían en el Chaco
argentino, y también en Bolivia y en Paraguay.
Cerca de donde ellos vivían, vivían otros pueblos
parientes: los Mocovies y los Abipones. Tobas, Mocovies y Abipones
formaban un grupo de pueblos que se llamaba Guaycurú.
La palabra "toba" quiere decir "frentón,
y es que en tiempos antiguos los tobas tenían la costumbre
de depilarse la frente. Ellos se llamaban a sí mismos con
otros nombres: komlek, taksik....
BIBLIOGTAFIA: "Cuentos que cuentan los Tobas" - Miguel
Angel Palermo
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