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EL BUEN CREADOR Y SU MALVADO HERMANO GEMELO

                                  

La historia pertenece al pueblo Yuma, una pequeña tribu que ocupaba la región situada entre el sudeste de California y el sudeste de Arizona en los Estados Unidos de Norteamérica.

Así es como empezó el mundo. Al principio sólo había agua. Después, del agua se levantó una vaporosa y turbia neblina que se convirtió en el cielo. En una parte muy profunda del agua vivía el Creador, pero no tenía forma y no se movía, y era dos criaturas al mismo tiempo: gemelos.

Entonces las aguas se agitaron, borbotearon y rugieron, y del vapor y la espuma surgió el primer gemelo, el gemelo bueno. Con los ojos cerrados apartó las olas y salió a la superficie. De pie sobre el agua abrió los ojos y contempló el universo por primera vez. Después se llamó a sí mismo Kokomaht, que significa “Padre de Todo”.

Y de las profundidades del agua, una voz llamó a Kokomaht: “Hermano mío, ¿cómo llegaste a arriba? ¿Con los ojos abiertos o con los ojos cerrados?”

Esta voz pertenecía al hermano malvado y Kokomaht quería hacerle más difícil la posibilidad de realizar maldades en el universo. Así que Kokomaht le mintió diciendo: “Abrí los ojos mientras estaba bajo las aguas”. El segundo gemelo abrió los ojos mientras subía y cuando alcanzó la superficie no podía ver. Desde entonces está ciego. Kakomaht dijo: “Te llamaré Bakotahl, el Ciego”.

“Ahora –dijo haré la Tierra”.

Kokomaht agitó con su mano las aguas formando un espumoso remolino. El agua borboteó, subió de nivel y burbujeó, y cuando descendió había tierra. Entonces Kokomaht se sentó en ella.

Bacotahl estaba enfadado porque le hubiera gustado crear la Tierra, pero no dijo nada y se sentó al lado de  Kokomaht. El Malvado Ciego se dijo: . Puedo hacerlo a partir de la  tierra”. Bakotahl formó algo semejante a un ser humano, pero no estaba bien. En lugar de manos y pies tenía unos bultos. No tenía dedos en las  manos ni en los pies. Bakotahl estaba avergonzado y lo escondió de kokomaht.

Entonces Kokomaht dijo: “Tengo ganas de hacer algo”. Formó con barro un ser que era totalmente perfecto. Tenía manos y pies, dedos e incluso uñas. Kokomaht blandió este ser cuatro veces hacia el Norte y después lo puso en pie. Se movió, anduvo, y estaba vivo. Era un hombre. Kokomaht hizo otro ser del mismo modo, y estaba vivo. Era una mujer.

Bakotahl siguió intentando hacer hombres, sacando siete seres de tierra que había bajo sus pies. Ninguno de ellos estaba bien hecho. ¿Qué estás  haciendo?”, le preguntó Kokomaht.

“Personas”, contestó Bakotahl. “Aquí –dijo Kokomaht –están las personas que he hecho yo. Las tuyas no tienen manos ni pies. Las mías tienen dedos y pulgares para trabajar, para hacer cosas, construir arcos, recolectar fruta”.

Kokomaht examinó los seres que Bakotahl había formado. “No son buenos”, dijo, y los tiró al agua. Bakotahl estaba tan furioso que se zambulló en las profundidades de las aguas, que burbujearon y retumbaron. Desde las profundidades envió el remolino portador de todo mal. Kokomaht pisó el remolino y lo detuvo, excepto una pequeña bocanada que se deslizó bajo su pie. Esta bocanada contenía todas las enfermedades que azotan a la humanidad hasta el día de hoy.

“Debeis aprender cómo crecer”, dijo Kokomaht a las personas que había hecho. Para enseñarles engendró un hijo, y lo hizo de la nada, sin ayuda de una mujer, lo hizo nacer de él y lo llamó Komashtam´ho. Les dijo a los hombres y mujeres que no debían vivir separados, sino juntarse y criar hijos.

Pero se había olvidado de algo. “Está demasiado oscuro –dijo Kokomaht -. Debería haber algo de luz”. Por tanto hizo la luna, la estrella de la  mañana y las demás estrellas. Entonces dijo: “Mi obra está hecha. Lo que yo no haya terminado, mi hijo Komashtam´ho lo acabará”. Diciendo esto Kokomaht se tendió sobre la tierra y Hanyi, la Rana, que estaba enterrada bajo la tierra, sorbió el aliento de su cuerpo y murió.

Después de un tiempo Komashtam´ho dijo: “Empezaré a hacer lo que mi padre no pudo terminar”. Escupió en sus manos y con la saliva hizo un disco. Lo tomó y lo lanzó al cielo hacia el Este. Empezó a brillar. “Este es el sol –dijo komashtam´ho a la gente -. Observad como se mueve hacia el Oeste, observad como ilumina el universo”.

Entonces Komashtam´ho eligió un hombre, Marhokuvek, para que le ayudara a ordenar el mundo. Lo primero que hizo Marhokuvek fue decir: “Ahora pueblo, como señal de que lamentáis la muerte de nuestro padre Kokomaht, os cortareis el pelo”.

Entonces todas las personas, animales y pájaros hicieron lo que él les había dicho. En esta época los animales eran también personas.. Parecían humanos. Pero cuando los vio, Komashtam´ho dijo: “Estos animales y pájaros no son bonitos con el pelo corto”, y los transformó en coyotes y ciervos, pavos salvajes y correcaminos, que son los animales y aves que tenemos ahora.

Después de algún tiempo, Komashtam´ho hizo caer una gran lluvia, de esa que nunca para. Hubo una inundación en la que muchos animales murieron ahogados. Marhokuvek se alarmó mucho. “Komashtam´ho, ¿qué estás haciendo?”, gritó.

“Algunos de estos animales eran demasiado salvajes. Algunos tenían grandes dientes y garras y eran peligrosos. Además había demasiados. De modo que los estoy matando con esta inundación”.

“No, Komashtam´ho, por favor, detén el diluvio –rogó Marhokuvek -. La gente necesita a muchos de estos animales para comer. Le gusta oír el canto de los pájaros. La lluvia y la inundación hace que el mundo sea demasiado frío y la gente no pueda vivir en él”.

De modo que Komashtam´ho hizo un gran fuego para que las aguas se evaporaran. El fuego era tan caliente e intenso que incluso el propio Komashtam´ho se quemó levemente. Desde ese momento, los desiertos que nos rodean son ardientes y la gente se ha acostumbrado al gran calor.

Komashtam´ho tomó entonces un gran palo y derribó la casa de su padre muerto, lo que después se convirtió en costumbre entre los Yuma, y desarraigó el terreno en el que había estado. El agua que brotó de las huellas dejadas por el palo formó el río Colorado. Y en él nacieron los seres que Bakotahl –el Ciego Malvado –había creado, las criaturas que no tenían manos, pies ni dedos. Así surgieron los peces y otros animales acuáticos.

Desde entonces Bakotahl, el Malvado Ciego, se  encuentra todavía bajo la tierra y realiza maldades. Normalmente yace allí tranquilamente, pero a veces se da la vuelta. Entonces hay un gran ruido de trueno, la tierra tiembla, se abren grietas y las montañas se  resquebrajan, mientras de sus cimas salen llamas y humo. Entonces la gente se asusta y dice: “El ciego Malvado se está agitando allá abajo”.

Todo lo bueno procede de Kokomaht y su hijo Komashtam´ho, y todo lo malo viene de Bakotahl. Así son las cosas todavía.

 

BIBLIOGRAFIA:
Mitos de los indios Americanos – Edward W. Huffstetler –
Ed. Libsa.

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